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            'Mi vinculación con el Carmelo de Palma se remonta a los primeros años de mi vida. Aquí celebré mi primera comunión y mi confirmación, y aquí, desde muy niño, comencé a ayudar en las celebraciones. En uno de los primeros recuerdos que conservo, me veo trepando por las rejas del locutorio. 
 
            Así, pues, conocí a la buena madre Concepción desde los primeros momentos. No recuerdo exactamente si era priora en la fecha de mi primer acomunión, aunque creo que sí.
 
            La M. Concepción era de carácter muy sobrio y reservado, lo que contrastaba vivamente con el simpático y extrovertido de la mayoría de las hermanas.
 
            En la Universidad, cuando le comenté que coincidía en el curso con una de sus sobrinas nietas, me preguntó simplemente: 'Fa bonda?' ¿se porta bien?, a lo que pude responderle con toda tranquilidad, puesto que se trataba de una chica muy seria. Recuerdo haber comentado alguna vez con esta condiscípula la bondad y el carácter resevado de la madre. 
 
            Era la madre de esas personas poco expansivas, pero sinceramente proeocupadas por el prójimo, a quien abrazaba en su corazón universal desde su vocación contemplativa.
Mi tío y padrino, el capellán del monasterio, me dijo que la madre Concepción representaba el equilibro personificado. Era el mayor elogio en labios de alguien que valoraba esta cualidad como algo central. Alabó siempre su prudencia y discreción ...
 
            ...Presentaba una nitidez extraordinaria en el sentido de la fe y en el del propio carisma, de sus objetivos y vocación. Con verdadera paz de espíritu y alegría interior...
 
            Recuerdo algunas visitas a clínicas, cuando tuvo problemas de salud. Se mostró muy serena, confiada e incluso expansiva. Como cuando, no sé si por un desvanecimiento u otro problema, las hermans la llevaron a la clínica. Al despertar las riñó cariñosamente porque se habían preocupado en exceso por ella. Fue gracioso oírselo contar personalmente. Ha sido edificante cómo ha sobrellevado las limitaciones que la edad le imponía, llevando, a pesar de todo, vida normal y sujetándose en todo, como siempre, a la observancia de la comunidad'. 
Santiago Mª Amer Pol (Lcdo. en Filosofía y Letras (Filología).
Palma de Mallorca 6-VI-1999