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Sacerdotes, Religiosos-as  

 
"Mi relación con la M. Concepción empezó en 1961 a mis 36 años y la conocí hasta su muerte en 1999. Confesor ordinario y  extraordinario, capellán, predicador de Ejercicios, Triduos, Homilias, Horas Santas ... en su Iglesia, me han dado ocasión de tratarla.
 
         Era una mujer parca en palabras, tenía frases y contestaciones breves, casi lacónicas, pero muy experesivas y significativas, en pocas palabras decía mucho.
 
            Siempre con ánimo igual.
           Esas contestaciones suyas  te impresionaban y alguna vez te confundían, por inesperadas, después las llegabas a comprender.
 
           Estaba siempre contenta, siguiendo su vida. Mostraba una firmeza y tesón en el camino que había emprendido, tan notable que podía causar admiración.
 
           No hería a nadie. Creo que había tomado una determinación al ingresar en el Carmelo y la aguantaba, sin pregonar y sin darle importancia; sus obras pregonaban por ella no hablaba de si misma. Así la llegué a comprender.
 
          Muy observante de todas las reglas y muy fiel al Espíritu de la Santa Madre Iglesia. Amó a la Iglesia y al Concilio (1962- 1965); amó también los cambios que la Iglesia quiere, pero no los cambios que provienen de novedades e improvisaciones. Estos cambios han trastornado muchas cabezas y creado fuertes crisis destruyendo personas.
 
        Era una persona con mucha vida por dentro, muy reservada, con mucha fidelidad y gran firmeza de voluntad. Al mismo tiempo  acogedora,  afable y llena de caridad con todos. Una sonrisa muy expresiva.
 
        Pienso que el Carmelo puede dar gracias a Dios por religiosas como ella; ojalá la juventud de hoy, quisiera ser tan generosa, decidida  como ella en el camino de la vida interior y de la observancia de las reglas que ayudan a la vivencia de los tres votos". 
 
M.I. D. Jaime Cabrer
Canónigo de la Catedral de Mallorca
3- Junio - 1999 
 
      " ...Cuando era yo sacerdote joven, aproximadamente el año 1967, acudí animado por alguien que conocía las Madres CC.DD. a visitar la Priora del convento de Palma de Mallorca, con la idea y la ilusión que me diera uan "hermana espiritual" una "capellana" como dicen las Carmelitas. y recuerdo que casi sin pesnarlo me señaló a la M. Concepción.
 
            Desde el primer momento que traté a la M. Concepción tuve la impresión de que había tenido la suerte de tratar un alma de Dios, un alma muy santa. Me prometió desde aquel instante que todos los días sin olvidarse ninguno de ellos, oraría por mí. Recuerdo que las veces que visité a las MM. CC.DD. de Binisalem (otro Monasterio de Mallorca) y les decía que me habían dado de Capellana a la M. Concepción me contestaban invariablemente: " Pues ¡qué suerte ha tenido! porque la M. Concepción es muy santa. A veces es seca, pero es muy santa, y es seguro que le encomendará todos los días. ...
 
            Pase más de un año o dos o quizás más sin volverla a ver ni hablar con ella. Al cabo de este tiempo pedí poder comunicarme otra vez con mi Capellana. Le pregunté si se acordaba de rogar por mí, a lo que afirmó sin titubear con un rotundo: " Todos los días".
 
        Yo no traté mucho con ella, pero cada vez que lo hacía me quedaba en el fondo del alma la impresión que tenía una verdadera MADRE ESPIRITUAL
 
         Siempre admiré su amor y unidad al Santo Padre. 
         Recuerdo que nunca noté en ella el más mínimo desánimo, sino que me admiraba su total ecuanimidad. 
         Le noté también: 
         - Un gran equilibrio anímico. Una personalidad muy marcada, que cuando descubría lo que Dios quería no se dejaba sugestionar ni convencer por nadie. 
        -Un gran amor al carisma de Sta. Teresa y S. Juan de la Cruz
        -Un gran amor a la Comunidad
        - No hablaba mucho, pero lo que decía era sustancioso, de peso.
        Las veces que prediqué a la comunidad, especialmente los Stos. Ejercicios (1993-1996) me animaba a seguir dando la misma doctrina (según el Magisterio de la Iglesia).
         La vi siempre muy humilde y con gran rectitud interior. No decía nada para quedar bien.    
         Para ella SU OBSESION ERA HACER LA VOLUNTAD DE DIOS.
 
         No me cabe la menor duda que en el Carmelo rayó muy alto en la perfección y contemplación, y que en el Paraíso goza de una gran gloria.
         No me sorprende que ante el Trono de Dios sea una gran intercesora. Preuba de ello son las numerosas gracias que se obtienen por su medio.
 
         Por la tarde del domingo que murió, 7 de febrero de 1999, quise verla expuesta en el coro bajo, y supliqué a las monjas me hiciesen la caridd de poner entre sus manos un crucifijo y rosario que yo traía, por la veneracióln que le profesaba. Desde la reja del coro bajo la contemplé y recé ante ella.
          Al día siguiente lunes, y después del funeral que quise concelebrar, sabiendo que personas entregaban objetos para que con ellos tocasen su cuerpo, yo le besé el pie cuando con todos los concelbrantes entramos para cantar el último responso antes de darle sepultura.
 
          Recuerdo que fui a verla al Hospital una de las veces que creo se había quebrado el fémur o la cadera, y estaban dos de sus hermanas carnales y una monja. Exclamé preguntándole: '¡Pero ¿qué ha hecho?! -Me contestó con una serenidad y alegría que no se la veía nada preocupada: 'Ha sido una tontería. Una caída tonta'. Así, sin más, sin darle la menor importancia; más fresca que una rosa.
 
          Me llamaba la atención también, verla siempre muy pobre y remendada, máxime sabiendo, como yo sabía de la casa de donde provenía. Sé por las monjas que se cuidó muchos años de la ropería y que era muy trbajadora, a pesar de su avanzada edad.
 
Fiesta de la Divina Misericordia 2º Dom. de Pascua de Resurrecciónl. Año Jubilar
Palma de Mallorca 30 abril 2000
           P. Miguel Lliteras, M.SS.CC.
 
    
 
 
 
        "Conocí a la Madre María de la Concepción de S. Jaime y Sta. Teresa con motivo de los Ejercicios sobre el Apocalipsis, que prediqué a la Comunidad hace algo más de Treinta años , si poder precisar fechas... Después la he tratado personalmente en sucesivas ocasiones con motivo de mi ministerio, pues siguieron nuevas predicaciones de retiros y ejercicios  a lo largo de los años, tanto siendo reelegida Priora como revelada en el cargo, ya por razón de la edad. 
 
        Resumiendo mi impresión desde que la conocí, sin haber tenido que rectificarla jamás, era una persona de una gran dignidad, revestida de una exquisita bondad sobre el fondo de una profunda humildad, fruto de una vida interior muy equilibrada de unión con Dios, lograda a la perfección con el ejercicio ascético constante del dominio de si misma y del habitual recogimiento dimanante de la oración, siguiendo el modelo de la Santa Madre Teresa de Jesús, de la cual logró ser una reproducción viviente y actual en la segunda mitad del siglo XX, permaneciendo constantemente fiel hasta el último momento de su vida. Su manera de ser irradiaba de una forma pacífica a su alrededor, percibido además de la Comunidad, también por quienes la trataban. Sus ansias de perfección se notaban en su interés por la observancia, sobre todo aplicando el Concilio Vaticano II. Subrayo que sufría por amor a la Iglesia a causa de la crisis subsiguiente..."
 
Rvdo. D. Eduardo Vivas Llorens
Párroco de Sta. María de la Jonquera
Gerona 16-I -2008 

 
 
        "... la conversación con ella, y su misma presencia, tenía "un algo" especial difícil de describir. Me impresionó su señorío y elegancia humana llena de contenido sobrenatural. Aunque en esas fechas se notaba su ancianidad, era palpable la riqueza de sus modales en la forma de tratar, de estar, de dialogar, de preguntar... lo hacía con extraordinaria educación y delicadeza. Nunca hizo una pregunta fruto de la curiosidad, o sobre temas, cuestiones o acontecimientos que pudieran herir o molestar a alguien.
 
        En su porte se advertía una riqueza sobrenatural que se materializaba en la facilidad con que hablaba y enfocaba todo desde una perspectiva sobrenatural, como fruto de una vida llena de Dios, propia de quien tiene una extraordinaria experiencia de Dios. La cercanía en el trato con Dios, y la confianza con que miraba hacia el futuro eran dos imponentes lecciones que se notaban palpablemente solo con verla y tratarla.
 
        Cuando estuve con toda la Comunidad, ella sobresalía por la discreción: no hacía nada que pudiera llamar la atención. Seguía la conversación con interés, con agrado y con la sonrisa de quien disfruta ante cualquier explicación o respuesta. Sabía estar y callar. Pasaba desapercibida. Y en el trato directo con ella pude advertir que en la M. Concepción no se veía la más mínima sombra de interés por lo temporal, por los honores, por los cargos, por lo 'humano'. Yo diría que estaba por encima de todos los honores, cargos, medios humanos etc. No era desprecio, ni desentimiento de este mundo; era superación, propia de quien ha encontrado el Gran Tesoro, y todo lo demás deja de interesar e importar. Vivía la confianza en la Providencia de Dios de una manera ejemplar y llamativa.
 
        Del trato personal con ella quiero subrayar tres aspectos que me llamaron la atención: 
    - el interés con que escuchaba y recibía cualquier consejo o comentario, ya que lo recibía desde su vertiente altamente sobrenatural, viniera de quien viniera sin hacer distinciones teniendo en cuenta que el predicador o confesor fuera una persona de gran información, o de menos profundidades teológicas; con fama de señor importante, o de mediano prestigio.
 
        - el agradecimiento por cualquier pequeño detalle. Esta gratitud es una evidente muestra de humildad, ya que no alardeaba de nada, y todo lo consideraba don y favor. Me consta que en los últimos años de su vida precisaba de muchas atenciones, también materiales. Ella respondía con una constante actitud  de agradecimiento, consciente de la ayuda generosa que estaba recibiendo. Se dejaba querer, y en ningún momento se mostró arisca, molesta o distante y
 
        - la sencillez y naturalidad en el trato, juntamente con una gran cordialidad. La delicadeza y la confianza en el trato, con señorío y respeto, era una constante en su vida. 
 
        Por otro conducto, sin que ella me lo manifestara, me enteré de que en esas fechas tenía muchos dolores. Quiero recordar que motivados por problemas traumatológicos. Sin embargo en ella no se advertía el menor detalle o muestra de incomodidad o sufrimiento. Si no fuera por su gran vida interior, no podría compatibilizar el gran dolor, que padecía y la alegre serenidad que dejaba en su rostro.
 
        Otra caracterísitca que noté en ella, y que me llamó poderosamente la atención especialmente a raíz de conocer un poco su biografía y los cargos que había desempeñado en la Comunidad, era la aceptación gozosa con que miraba y recibía a las Superioras, cualquiera que éstas fuesen. En la Priora ella no veía a una religiosa más de la Comunidad; veía al mismo Dios. El respeto y la aceptación afectiva con que se relacionaba con la autroridad era algo evidente. Así se explica que viviera con tanta perfección y finura la virtud de la obediencia.
 
        Otro detalle muy positivo de su vida es el siguiente: En esas fechas en las que yo la conocí y traté era frecuente que en las conversaciones salieran a relucir temas y cuestiones de la vida de los miembros de la Iglesia, y muy particularmente de religiosos, sacerdotes y religiosas. no muy edificantes, aunque se hablara de ellos con la mejor intención y con afán de evitar caer en defectos que lamentábamos verlos en otros. En esta conversación, por muy limpia y delicada que fuera, ella nunca participó. Tenía una gran facilidad para comprender y disculpar los defectos ajenos, sabiendo que eran defectos y deficiencias. El respeto y la delicadeza en el trato eran admirables en ella. 
 
        De su vida interior, solamente puedo manifestar algunas pinceladas: 
    - el alto grado de intimidad con el Señor, concretamente su delicadeza y fervor ante la Eucaristía. Le preocupaba muchísimo que al Señor en la Eucaristía no se le tratara mal. Y sufría muchísimo ante las más pequeñas faltas de delicadeza en el trato con la Eucaristía, en los detalles menos dignos en la forma de celebrar la Misa, y en cualquier detalle relacionado con el Señor. No comentaba nada; se dedicaba a desagraviar silenciosamente, reparando con su entrega lo que advertía que no se daba en otras personas.
 
    -la finura en el trato personal con el Señor, no solamente en  la forma de recitar las oraciones vocales; sino en ese otro trato íntimo, sin ruido de palabras y sin frases hechas. Para ella la oración era un verdadero y perfecto diálogo con el Señor, al que trataba con enorme y respetuosa confianza, juntamente con una intimidad y profundidad admirables.
 
        Cada vez que tuve la oportunidad de estar en este Convento, y de tratar a la M. Concepción siempre, desde el primer momento, tuve la impresión de encontrarme con una persona de extraordinaria categoría humana y sobrenatural, propia de una Carmelita santa, llena de calidad de vida, feliz por su extraordinaria fidelidad a la vocación que siempre consideró como un don y una gracia especial de Dios"
 
M.I. Sr. D. Evencio Cófreces Merino
Deán de la S.I. Catedral Primada de Toledo
Toledo - 22 de abril del 2000