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"La M. Concecpción era muy abnegada. En los trabajos más duros y pesados era siempre la primera en acudir. Se daba a lo más costoso.
Era muy humilde. No la vi ni oí nunca discutir con nadie. nunca se excusaba.
Decía que cuando estaba en su casa era muy perezosa en levantarse. Tanto era así que cuando oía el timbre del profesor de pintura que llegaba para darle clases, entonces se levantaba de la cama. En cambio cuando yo era novicia y ella maestra, no acababa de oir el primer sonido del despertador cuando yo oía desde nuestra celda, contigua a la suya, que daba un salto de la tarima, y nos despertaba dando las tablillas.
Me fijé desde que entré en el convento, que para la oración en el coro y durante muchos años siempre se servía de un solo libro: 'Formación en la humildad'. Se ve que a ella es lo que más le atraía.
Me acuerdo de cuando una monja dejaba como inservible algo, ella lo remendaba y lo utilizaba.
Nos decía para animarnos en las dificultades que tuviésemos, que habíamos de querer "más" y así se nos haría todo poco.
Era muy mortificada y no hacía caso de sus sufrimientos, siempre quería "más", tal como nos lo decía. Así por ejemplo, el día qeu tuvo un vómito de sangre, estaba arrodillada en el coro y ¡cómo se debería encontrar! No le dio la menor importancia queriendo seguir inmediatamente a la Comunidad que en aquel momento se dirigía hacia el refectorio para la colación. Una hermana con gran énfasis le ponderaba la sangre que llevaba en la toca y escapulario, porque ella hacía como si nada hubiese ocurrido y quería a toda costa seguir la observancia regular. Si esta hemorragia la hubiese tenido en la celda, se habría cambiado la toca y escapulario, sin más y nadie se hubiese enterado del suceso.
Como no se quejaba nunca de nada, y decía que nada le costaba, una Hna. solía repetir: "La M. Concecpión en el cielo tendrá una corona de latón".
La M. Concepción era 'el paño de lágrimas' de toda la Comunidad. de todas y cada una de las monjas, incluídas las Prioras. Acudíamos a ella siempre que lo necesitábamos en busca de consejo, orientación, consuelo, etc. Ella siempre nos lo daba y nos comunicaba su paz.
En todo el tiempo que he sido Supriora, no ha ocurrido nunca que la M. Concepción directa o indirectamente me hiciese notar que ya le había dado aquel oficio de tabla la semana anterior. Sí que ocurrió por el contrario varias veces que venía a 'reclamar' cuando, tocándole un oficio que suponía mortificación, se me había pasado por alto y no se lo había asignado"
M. E. M. de la E.
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